8.27.2010

Ganando sin palabra a los que no creen en la Palabra


(1 Pedro 3:1-2)

Si convencer a alguien para que piense como uno usando meramente palabras es difícil, imagínese cómo será de complicado lograr que una persona no sólo quede convencida, sino que también nos siga. Para ser convincente con palabras hay que saber hilvanar argumentos de manera inteligente. Pero para arrastrar se necesita algo más poderoso que un discurso, se necesita ser un vivo ejemplo de lo que se dice. Bien reza un aforismo popular: “si las palabras convencen el buen ejemplo arrastra”. Y es muy sabio, pues la gente quiere ver que lo que decimos con nuestra boca se evidencia en lo que vivimos. Y podrán refutar un argumento, pero cómo contradecir un buen ejemplo. No hay manera, porque lo dicho se corrobora con hechos, hay una comprobación de lo expuesto.

El apóstol Pedro aconsejando a las mujeres cristianas acerca de cómo lograr que un marido testarudo se convenza de la verdad de la fe en Cristo y crea en Él y le siga, les dice que no opten por el camino de sermonearle, de llenarle la cabeza con palabras y argumentos teológicos. Que en lugar de agarrarlo a bibliazos, decidan modelar sus tesis. Que no intenten conquistarlos verbalmente, sino luciendo el cristianismo en sus vidas. Les pide que ganen a sus esposos a la Palabra de Dios sin necesidad de decir palabras. Cosa difícil para una mujer, pero no imposible, puesto que por su diseño cerebral ellas tienden a verbalizar todo lo que piensan y sienten. Es por ello que hay que predicar al estilo de la reina Esther, quien en su libro de la Biblia no menciona a Dios por ninguna parte, pero sí hizo para Dios su parte, y libró a la raza judía de un exterminio aberrante. La meta entonces debe ser no sólo convencer, sino arrastrar, lograr que el no cristiano al ver la veracidad de nuestros argumentos puestos en escena en la vida diaria, se rinda a Cristo. Esto es predicar sin hablar, cosa muy extraña en los círculos cristianos, pues hemos creído que si no usamos terminología religiosa, sino disparamos unos cuantos versículos y si no decimos unos cuantos amenes y aleluyas, entonces nos estamos avergonzando del Señor y no estamos anunciando su Palabra. Pero la verdad es que al proceder de manera tan imprudente nos tornamos en fastidiosos e indeseables para los demás. Es mejor que desde hoy decidamos hablar menos, modelar más y ganar más.

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

7.13.2010

Oye a tu padre y no desprecies a tu madre

(Proverbios 1: 8-9)

Cuando el sabio Salomón escribe en su libro de Proverbios que un hijo debe seguir la instrucción de su padre y la dirección de su madre lo está diciendo dentro de un contexto judío en el cual el papá y la mamá no son unos delincuentes que abusan de sus hijos, sino dos seres de bien que están interesados auténticamente en el bienestar de sus descendientes y que están cumpliendo con el papel de educadores y guías espirituales dentro del hogar. La ley de Moisés había enfatizado el hecho de que la instrucción temprana se debía dar en la casa, no endosársela ni a la iglesia, ni a la escuela, ni al gobierno.

Es por ello que el papá y la mamá no sólo preparaban a sus hijos para un oficio determinado en la vida, sino que le enseñaban todo lo concerniente a las leyes de Dios exigiéndoles que fuesen capaces de recitar “La Torá” (los libros de la ley) de memoria tal y como hoy en día un jovencito canta el himno de su país. Por eso no debe extrañarnos que a los 12 años, como un típico chico de su edad, Jesús ya fuese capaz de hablar sobre la ley con los doctores en teología en Jerusalén, sin haber pasado por una escuela rabínica. Aunque por supuesto Él rebasaba en inteligencia a sus amigos, pues no sólo preguntaba, sino que respondía a preguntas difíciles y asombraba por ello. En contraste con la manera de pensar que recomienda el sabio Salomón a los hijos con respecto a los padres, un conocido chiste dice que los jóvenes evolucionan así: A los 8 años, mis padres son unos genios. A los 15 años, mis padres no me comprenden. A los 20 años, mis padres son unos anticuados. A los 30 años, mis padres a veces tienen razón. A los 40 años, mis padres tienen mucha experiencia. A los 50 años, mis padres siempre tenían razón. A los 60 años, lástima que mis viejos ya no estén, eran unos genios. No reaccionemos demasiado tarde, aprendamos a conversar con los padres, a oír sus consejos, a escuchar atentamente de sus experiencias, a beber de su sabiduría y a no despreciarlos u ofenderlos con gestos o frases hirientes, aunque no compartamos algunos de sus criterios. Es una lástima que algunos hijos por haber alcanzado mayores logros académicos o financieros que sus progenitores, se sientan superiores a ellos.

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

7.12.2010

Mentiroso, Mentiroso

(Efesios 4:25)

En la película “Mentiroso, mentiroso” el comediante Jim Carrey personifica a un abogado que es muy mentiroso y que siempre le está quedando mal a su pequeño hijo. El niño pide como deseo que su padre nunca más diga mentiras, y así es como se dan escenas muy graciosas en que el protagonista piensa para decir una mentira, pero cuando abre la boca para hablar, para asombro de él mismo, se haya diciendo la verdad. Es algo que él no puede evitar, al punto de taparse la boca con sus dos manos.

¿Se imaginan que eso sucediera en la vida real con los jóvenes y adolescentes varones que andan destrozando los corazones de tantas niñas? Imagínense que un chico va con aires de galán donde una hermosa jovencita y piensa en recitarle la misma cartilla que le dice a todas: “Para mí tú eres la más bonita. De veras, y no sólo eres la mujer más bella que he visto, sino la más inteligente. Te digo la verdad, desde que te conocí no dejo de pensar en ti ni un minuto. A mí me gustaría que nosotros tuviésemos algo más que una amistad, porque si no, yo no voy a poder vivir. Es más, yo te veo y siento que se me va a salir el corazón. Yo te aseguro que ninguno de tus amigos te puede querer más que yo”. Pero sucede algo extraño, cuando el joven abre la boca para soltar su libreto, sin poder evitarlo, se le salen otras palabras: “Te digo la verdad, tú eres muy bonita., pero no creo que seas la más bonita de todas ni la más inteligente. Por la casa de mi abuela hay unas niñas tan bonitas como tú. Y tú me atraes, es verdad, pero también me atraen como cinco chicas más en el colegio. Y como estoy en una etapa donde mis hormonas están en ebullición y emocionalmente soy inestable y estoy descubriéndome a mí mismo, pues no te puedo halagar el oído simplemente para que te enamores de mí. Eso no sería honesto. No puedo dañarte. No puedo jugar con tus sentimientos. Así como no quisiera que una amiga me hiciera creer que se enamoró de mí y me entusiasmara y luego me dejara como a un trapo sucio, yo tampoco puedo hacerte eso. Voy a respetarte. No voy a llenarte la cabeza de cuentos sólo para pasar un rato agradable satisfaciendo mis instintos. No es justo que juegue con tu corazón. Creo que mereces respeto y no ser simplemente un trofeo más para demostrarle a los demás y demostrarme a mí mismo que soy todo un galán”.

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

6.02.2010

TENER CONFIANZA

¿En Quién Tener Confianza?

La Biblia nos invita a admirar la “paciencia” de Job (Santiago 5:11). Pero este hombre “perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal”, mantenía en su corazón una secreta satisfacción de sí mismo. Le sobrevinieron las pruebas, la miseria, la enfermedad y finalmente las injustas insinuaciones de sus amigos. Al final Job perdió la paciencia. Exasperado, proclamó sus buenas obras y la perfección de su conducta.

Entonces Dios se reveló a él, primero por medio de un mensajero fiel, Eliú, y luego directamente. En este contacto con Dios, Job aprendió no sólo a conocer mejor a Dios, sino a conocerse a sí mismo (Job 42:5-6). Descubrió que todo lo bueno viene de Dios (Job 38:4-41). Así pasó de la confianza en sí mismo a la confianza total en Dios.

La historia de David y Goliat (1 Samuel 17) nos enseña que si la confianza en sí mismo puede hacer de uno un campeón orgulloso, la confianza en Dios nos hace vencedores. El gigante, muy consciente de su fuerza, desafiaba a todos a competir con él. El joven David confiaba humildemente en Dios. Aunque tenía su honda en la mano, no ponía su confianza en ella, pues dijo al gigante: “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre del Señor” (v. 45).

Ambos, Job y David, recibieron la recompensa a su confianza en Dios.

5.21.2010

¿Y dónde están los artistas y científicos de Dios?

(Éxodo 35:31)

Es muy usual que cuando a alguien le mencionamos el Espíritu Santo inmediatamente piensa en religión, o en gente brincando, llorando o cayéndose al piso. Pero casi nadie asocia al Espíritu Santo con un laboratorio, o una universidad, o la facultad de bellas artes, o el congreso de un país o una oficina de la ONU. Sin embargo, cuando leemos la Biblia encontramos casos como el de Bezaleel y Aholiab, dos caballeros judíos a quienes el Espíritu Santo, de manera sobrenatural, convirtió en artistas y científicos, las dos cosas, para lo cual, milagrosamente, debió desarrollar ambos hemisferios de sus cerebros, tanto el izquierdo, para ser científicos, como el derecho, para ser artistas. Y estos dos hombres nunca fueron a una universidad, pues eran esclavos en Egipto, sino que más bien fundaron una en el desierto, con la autorización de Moisés, para poder levantar a otros artistas y científicos que sirvieran en la obra del santuario para Dios.

Y hay otros casos como el del profeta Daniel, a quien el Espíritu Santo le una sabiduría sobrenatural para que durante 72 años ejerciera un ministerio de consejería a reyes, lo cual hizo con siete babilónicos (Nabopolasar, Nabucodonosor, Evil-Merodac, Neriglisar, Labas-Marduk, Nabonido, y Belsasar), uno meda (Darío) y uno persa (Ciro). Claro que si en esta época Daniel les dijera a sus líderes de la iglesia que el Espíritu Santo lo ha llenado para ir a la sede del gobierno de su país como asesor, seguramente lo pondrían en disciplina. Y tal vez hasta él mismo pensaría que es una locura. Fue por ello que lo secuestraron y llevaron al palacio real a estudiar en sus universidades ciencias y artes, aunque sin contaminarse jamás con una cultura que no se sometía ni a Dios ni a sus leyes, arriesgando inclusive su vida. Bezaleel, Aholiab, Daniel y otros, son ejemplos de cómo Dios, a través del Espíritu Santo, le da dones (Charismas en el griego del Nuevo Testamento) a una persona, para que cumpla un ministerio o servicio (Diakonia en el griego) como parte del trabajo de la iglesia de Cristo en el mundo. Pero al hablar de iglesia no pensemos en la local, la de un auditorio con sillas, instrumentos musicales y un púlpito, sino en la global, la que conforman millones de personas en el planeta tierra y que han sido redimidas por Jesús el Mesías. ¡Déjate usar por Dios a la manera de Dios!

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor

5.13.2010

Decirle sí a algo es decirle no a todo lo demás.


Cuando un joven se casa le está diciendo sí a su novia y a la vez le está diciendo no a millones de chicas que pudieran ser más atractivas, inteligentes o interesantes. Por su lado la novia le está diciendo sí a su novio y con ello está renunciando a tener amores con cualquiera de los millones de hombres que pueblan el planeta tierra y que pudieran ser más adinerados y atractivos que aquel con el cual está haciendo un pacto conyugal. Lo mismo pasa en un restaurante, cuando miras el menú sabes que te vas a comer uno de los platos que está allí, pero que al decirle sí a uno de ellos le estás diciendo no a todos los demás. En la vida estamos permanentemente tomando decisiones, diciéndole sí a algunas personas, cosas y situaciones, y no a miles de otras posibilidades.

La única manera de dar en un blanco, es apuntarle a uno solo y olvidarnos de los demás. La única forma de triunfar en algo en la vida es ocuparnos de ese algo y abstenernos de todo aquello que pudiera distraernos. Debemos concentrarnos, y ello quiere decir reunir todo en torno a un solo centro, uno solo. Por ello el que quiere lograr el premio se focaliza, se mentaliza en una sola meta y se abstiene de todo lo demás. El apóstol Pablo, quien conocía de las competencias que se celebraban desde hacía ocho siglos atrás en el estadio griego de Olimpia, decía que al ver a esos atletas correr simplemente por una corona que luego se iba a corromper, él se sentía inspirado a correr también en su vida, sólo que por una corona incorruptible, eterna. El corría para lograr obtener el premio del supremo llamamiento, para asir la corona que le esperaba en el cielo. Y no se refería a la salvación del alma, puesto que esa no se la había ganado, sino que la había obtenido por gracia, por regalo de Dios. Él se refería al galardón que se le daría por las buenas obras que hiciera mientras estuviera en su cuerpo humano. Mientras que la salvación la había recibido por la fe, gratis, el galardón tenía que ganárselo, motivo por el cual, así como el deportista se abstenía de muchas cosas que le distraían, él tenía también que decirle no a millones de cosas para ocuparse de su salvación, es decir, para ponerla a producir las obras que Dios ya había preparado de antemano para que anduviese en ellas, pues aunque no se salvó por obras, sí se salvó para buenas obras.

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor

5.12.2010

LA SABIDURIA

• Salmos 25:12 ¿Quién es el hombre que teme a Jehová? El le enseñará el camino que ha de escoger.

• Salmos 25:13 Gozará él de bienestar , y su descendencia heredará la tierra.

Es muy claro el salmista al respecto en este salmo.
Si usted quiere comenzar a vivir sabiamente la vida, siendo elevado y promocionado a niveles superiores de sabiduría e inteligencia, debe guardar este principio: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza (Prov 2:6).

“Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia” (Prov. 2:6).

5.10.2010

LA FE

«…bienaventurados los que no vieron, y cr

La fe es por el oír

Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios.

– Romanos 10:17
Uno de los más grandes evangelistas con el don de sanidad que he conocido, me dijo una vez: «No lo entiendo, he impuesto mis manos sobre más de dos millones de personas. He visto milagros de todo tipo; no obstante, soy el último en este planeta que recibe sanidad».

Analícelo, este evangelista había visto a Jesús cara a cara en más de una ocasión, y sus manos se habían encendido con el toque sanador de Dios. Sin embargo, él no podía vivir sólo de experiencias. Él tenía que aprender, tal como usted y yo, a dar un paso a la vez: confesar, creer y mantenerse firme en la Palabra de Dios.

Usted podría pensar: “Bien, eso tal vez sea cierto. Pero, aún así, pienso que yo tendría más fe si Jesús se me apareciera como le sucedió a ese evangelista”.

No, realmente no es así; pues Jesús afirmó: «…bienaventurados los que no vieron, y creyeron» (Juan 20:29). La palabra bienaventurado significa: “Ser investido de poder”. Entonces, de acuerdo con las palabras de Jesús, usted tendrá más poder si cree antes de ver una manifestación física.

¿Por qué? Porque para creer en algo que no ha visto con sus ojos físicos, tendrá que verlo primero en su propio ser interior. Usted deberá activar su espíritu. Al hacerlo, logrará que éste, el cual es semejante a Dios, se levante y se fortalezca.

Entonces ¿debería evitar las manifestaciones y demostraciones espectaculares del poder de Dios que están ocurriendo en estos días finales?

¡Definitivamente, no! Disfrútelas a plenitud. Asista a todas las reuniones cristianas que pueda, sea parte del mover de Dios; pero no disminuya su fe en el proceso.

Sobre todo permanezca firme en la Palabra. Ésta siempre obrará, ya sea que los dones estén fluyendo o no. La Palabra funcionará en la luz del día y en la oscuridad; también para todo hombre, mujer o niño que la ponga en práctica. Las Escrituras son eternas, han sido establecidas en el cielo y en la Tierra para siempre.

Recuerde lo siguiente: La fe —esa clase de fe que usted utiliza a diario para vivir— no proviene por actuar en los dones del Espíritu, ni tampoco por ver a Jesús o por tener visitaciones y experiencias especiales de Dios. Ésta viene por el oír y el oír la Palabra de Dios. Juan 20:24-29

eyeron» (Juan 20:29).

5.05.2010

Quien desenreda el cabello de un vagabundo


Tal vez hayas visto en alguna ocasión a esos vagabundos que duermen en la calle, visten harapos, comen desperdicios, llevan cantidades de maletas y bolsas y andan escoltados por varios perros. Y seguramente te has fijado en el aspecto de su cabellera, la cual ha adquirido la apariencia de una enorme esponja en la que es difícil distinguir los miles de hilos capilares individualmente. ¿Crees que un peine o un cepillo puedan penetrar allí y desenredar la madeja? Imposible, ¿verdad? Estas personas requieren un rapado total de cabeza, junto una buena dosis de compasión, un baño y una deliciosa comida caliente.

¿Y sabes cómo el cabello de estas personas indigentes adquirió esa condición? Con muchos días de no peinarse, no lavarse, acumular sudor, grasa y mugre. Y cualquiera de nosotros pudiéramos tener el cabello igual, porque también sudamos, secretamos grasa, lo ensuciamos y lo enredamos. La diferencia es que nosotros lo lavamos, lo peinamos y lo cortamos periódicamente. Y así también sucede en nuestro espíritu. Si no nos limpiamos de iras, rencores, pensamientos indecorosos, malicias, chismes, rumores, mentiras, envidias, celos y otros agentes contaminantes, en poco tiempo nuestra vida será interiormente como la cabellera de esos vagabundos, o como una oscura, húmeda y maloliente cueva llena de telarañas, murciélagos y serpientes venenosas. Es difícil que un ser humano se conserve impecable, puro 100%. Eso no sucede ni en lo físico ni en lo espiritual, pues en la parte material aunque evite a toda costa revolcarse en el lodo o tocar algo sucio, de todas maneras algunas partículas microscópicas de polvo que flotan en el aire lo van a alcanzar y se van a unir a su grasa y sudor corporal. Y en lo espiritual, por mucho que se cuide de no contaminarse, algunas pequeñas partículas infecciosas se le pueden adherir y tratar de dañarle. Por eso hay que seguir dos consejos que Juan le daba a sus discípulos en su primera epístola: Hijitos, les escribo para que primeramente no pequen, para que traten de mantenerse bien limpios. Pero, en segundo lugar, si llegan a verse alguna manchita, lávense de inmediato, recuerden que tenemos como defensor a Jesucristo, para que nos dé una buena lavada. Así que no me vengan con el cuentico de que no tienen suciedad. Ya no se engañen ni le digan mentiroso a Dios.

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.